
La vuelta en septiembre puede ser un momento delicado para todos. Familias y profesionales sentimos el peso de reanudar rutinas después de las vacaciones, y si ya nos cuesta a nosotros reencontrarnos con lo que hemos aparcado durante un tiempo, es aún más importante pensar cómo acompañamos a los niños, especialmente a aquellos con autismo, para los que la experiencia previa no siempre sirve de guía.
Sabemos que la estructura y la repetición facilitan la comprensión del entorno. Templo Grandin lo expresa así: «Lo veo todo. Por eso no me gustan los sitios nuevos. Si estoy en un sitio que conozco, como casa o el colegio […] lo que tengo que hacer es mirar las cosas que han cambiado o se han movido.» Estas palabras nos sirven para ilustrar lo que nosotros entendíamos con aquellos alumnos que volvían a Carrilet después de las vacaciones: cuantos menos cambios había en su día a día respecto a junio, más fácil era la incorporación. Pensamos entonces cómo facilitarles la entrada cuando había diferencias: anticipar los cambios de tutora, de compañeros, de espacios… Intentamos tener el máximo de información antes del regreso a septiembre para que las familias tengan herramientas para ir explicando cómo será la vuelta a Carrilet.
La acogida requiere tiempo y calma. No hace falta que los niños —ni nosotros— recuperamos enseguida el mismo ritmo de trabajo o de relación que teníamos antes de las vacaciones. Encontrar en el aula elementos familiares, como su cajón con sus cosas, los cuadernos o los juguetes que les son significativos, convierte el cambio en un proceso que incorpora las vivencias del año pasado en este curso que comienza sin que sea un corte brusco.
¿Y cuándo todo es nuevo? Cuando los niños comienzan en Carrilet también pensamos la adaptación para la familia. Conocer Carrilet y vincularse con maestros, psicólogas y educadoras es un camino que se construye día a día. Con esta idea de proceso proponemos entradas progresivas y horarios a medida: primero conocer el espacio y la tutora, después ir incorporando a compañeros y ampliar el horario poco a poco. Es un tiempo de observación, conocimiento mutuo y creación de vínculos.
Si no se cuida este tiempo de adaptación, los niños pueden sufrir y expresarlo de maneras muy diversas: hacia fuera, con llantos, rabietas o enfados; o hacia adentro, desconectándose a través de intereses sensoriales, cambiando hábitos de sueño, alimentación o control de esfínteres. Por eso es tan importante darles un margen para que el proceso sea más tolerable y compartido.
Como dice la frase: «Lo opuesto a estar nervioso no es la calma, es la confianza«. En Carrilet entendemos la adaptación como un camino compartido. No se trata sólo de entrar en la escuela, sino de empezar a construir juntos un entorno de confianza, seguridad y aprendizaje para cada niño y su familia.
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